El control biométrico no cambia el modo en que TWAP o VWAP reparten el volumen. Cambia el momento previo: introduce una confirmación de identidad física entre la decisión de lanzar la estrategia y el envío del primer tramo. Para quien opera la mesa, eso significa saber con precisión qué queda en sus manos y qué no.
El gestor define la estrategia y elige el tipo de reparto según el objetivo de la orden. La validación biométrica se ubica justo después de esa decisión y antes de que el motor de ejecución reciba la señal de arranque. No reemplaza la firma operativa: la complementa y deja constancia de quién habilitó el inicio.
La confirmación se realiza dentro de un intervalo acotado. Si ese plazo se agota sin validación, la orden permanece en espera y no se envía ningún tramo al mercado. El gestor no necesita vigilar el algoritmo después de arrancarlo, pero sí debe completar el control dentro del tiempo previsto.
Cada inicio queda asociado a una identidad concreta y a una marca temporal. En mesas con varias estrategias activas al mismo tiempo, esa asociación permite reconstruir qué gestor autorizó qué arranque y en qué momento, sin depender de la memoria del equipo ni de registros paralelos.
Una vez enviados los tramos, el reparto sigue su curso y el mercado hace lo suyo. La validación biométrica no promete resultados ni rendimientos: su alcance termina en el arranque. Lo que sí evita es que una estrategia se active por error de configuración, por una tarea programada mal definida o por acceso remoto no autorizado.
Si la mesa necesita coordinar el alta biométrica de varios operadores, la conversación empieza por definir roles y alcance antes de habilitar cualquier estrategia. El equipo de Sentinel Ejecución puede revisar ese punto de partida, y las consultas generales se canalizan desde contacto.
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